16 noviembre 2009

Condena




Imperdonable
Quemas poco a poco mi esperanza,
contaminas las yemas de mis dedos,
que aún saben a tu sal.
Eres mil veces el asqueroso calor que me mató una tarde,
una especie de pesadilla eterna.
Aquí y en cada rincón suelto una frase de despecho y condena
con la jodida imagen de tu felicidad putrefacta,
olor a vientres ajenos.
No te quiero vivo,
me disgustan los desvelos que me provocas,
imperdonable. 
Si mis maldiciones hacia ti fueran una oración,
hoy sería dueña del cielo.

1 comentarios:

Abraham Monterrosas Vigueras dijo...

"Si mis maldiciones hacia ti fueran una oración, hoy sería dueña del cielo"

Qué tremenda!!!!!!!

Eres mi ídola y lo sabes.