16 noviembre 2009

Interiores


Voy escurriendo, poco a poco,
del misterio de una pared.
Hay un suelo que me espera
mientras hago mi camino
de manchas,
de hilos como hebras de sudor.


Y antes de llegar
a la parte más baja,
el gris de la pared me absorbe
a sus entrañas.
Voy penetrando
y desde entonces no me voy.


Me he vuelto de piedra:
mis vísceras son de piedra,
soy piedra entera, desde
la sangre hasta la piel
y miro con los ojos del color
de la noche.


Ahora me construyo cual casona vieja,
con sus solitarios rechinidos
y esquinas bordadas de telarañas.
Así, ¿cómo hacerle el amor a un muro?

1 comentarios:

Abraham Monterrosas Vigueras dijo...

Felicidades por la nueva imagen de tu blog.

Esta historia está bien fuerte, muy sexual. Hay un puente muy bien logrado entre tu corazón y las letras que nos permites leerte.

Un placer.