04 enero 2010

Reposo


Sobre mí, escondido entre mis muslos, está el amante al pendiente de mis ojos que le hablan y lo invaden. Se atrinchera entre mis piernas para ocultarse del peligro del mundo porque en mí se siente feliz y a salvo. Sólo dentro de mí está en su hogar, consolado como un niño, mimado como un hombre, mirando siempre mis ojos que también saben callar.
El amante se queda quieto y respira fuerte su cansancio. No sabe besar, no me besa, pero se acurruca al lado mío como los gatos, urgando en mi cuello un calor natural que mi piel emana, muy cerca del lóbulo de la oreja a la que le ha dicho cosas.
Sobre mí, a plena luz de la oscuridad, deja de esconderse el amante, cuya pelea resistió digno de consagrarse, y entre mis piernas dejó la huella de su paso; y entre mis brazos, el sabor de la batalla ganada. Mi mirada en la penumbra sabe que está ahí cerca aunque no lo distinga; mis ojos le hablan aún de la necesidad de encontrarse en los suyos.
Y él comprende lo que quiero con tan sólo tomar mi mano. De nuevo sobre mí, escondido entre mis brazos, está el amante, descansando su cuerpo encima de mi piel, con su boca entreabierta y la respiración tranquila, refugiándose de todos y de mí en un sueño que durará hasta que mis labios le digan "amor".

1 comentarios:

Abraham Monterrosas Vigueras dijo...

Eres admirable.

Qué manera de llevar un relato.

Espero que la vida te regale más batallas para que puedas seguir plasmándolas.

Un aplauso.