07 enero 2010

Muñeco de trapo desteñido


La noche me ilumina las ideas y bebo una copa de vino,
desnuda frente a la ventana y dudando en contar las gotas
que apenas se deslizan por los critales.
No hay silencio ni ruido, es sólo un estado medio
que abre paso al llanto de la piel que se desgarra.

Las nubes pasan lentas, se dejan llorar la vida,
y sin prisa se marchan destilando humedad.
Cada poro se excita y hace frágil la mirada,
comienza el ruido lejano, el bullicio nocturno;
la luna no aparece, sin embargo.

La copa de vino resbala de mi mano, me rodea los pies
-también desnudos-
de pequeñas esquirlas que con sutil temblor encajo en ellos.
Detrás de la ventana sólo está la noche,
los rezagos de la vieja tormenta,
los desechos del mundo adormilado, agonizante,
las capas de ausencia, todo inerte;
mi cuerpo, de pie.

No hay testigos que presencien mi rostro humedecido
y hagan de él materia de voces;
está sólo la penumbra con su indecisa agonía,
el vino evaporado, la silueta huidiza de un gato...

La madrugada cava un hoyo y hace de la piel desnuda
un muñeco de trapo desteñido.

2 comentarios:

Abraham Monterrosas Vigueras dijo...

Qué cierre tan impresionante!!!

Bravo!!

Una metáfora bien lograda.

Gran texto.

Asturiela dijo...

me agradó hablar del punto medio. el mas real. ese que no conoce de extremos ni del bien y el mal. el infiltrado y esquizofrenico que se calla al menor silencio y grita hasta ensordecer el sentimiento mas ruin. puro y vivo.

enhorabuena.