skip to main |
skip to sidebar
Soy decadencia desde que te tuve entre mis brazos,
amándote en cada poro,
y estas manos no piden ya más que piedad para matarte.
En el fango me arrastro, se viene una nueva muerte,
quizá la definitiva...
Mientras intento seguir con todas mis fuerzas, sin volver atrás,
e imploro piedad a mi memoria.
Pero estas manos son fuertes, sin embargo,
y mi corazón no te odia más; ya te ha matado.
2 comentarios:
Me agrada la contradicción de la expectativa de renacer tras conocer a alguien y resultó ser peor: Soy decadencia desde que te tuve entre mis brazos. Intensos tus versos.
Hay palabras que intentan descifrar tantos laberintos sentimentales... y sin embargo, persiste la contrariedad (y la contradicción).
Publicar un comentario