17 julio 2009

Humedad


No quieren cerrarse las piernas, muestran su escurridizo paisaje y aflora entre ellas el deseo de un día de lluvia. La ilusión selvática no cesa. A alguien se espera, a alguien se ignora, pero la invitación está ahí. La puerta abierta, las ventanas cerradas, la exaltación del secreto. Pronto podría haber un visitante, o dos, o decenas, y a nadie se discriminaría ahora. Las piernas no se cansan de gritar. Siguen ahí, pendientes de la llegada repentina. El rocío comienza ya a salpicar veredas y la brisa deja escapar algún aroma delicado de sal. Sean bienvenidos, sean complacidos, que la puerta sólo espera un delicado roce para poder cerrarse y descansar.

2 comentarios:

Abraham Monterrosas Vigueras dijo...

Qué relato tan bien llevado!!

De verdad que si me imaginé la escena.

Aplausos para ti.

Succubus dijo...

No creo merecerlos, pero los acepto porque vienen de una persona que admiro y respeto... y adoro también!!!