
No quieren cerrarse las piernas, muestran su escurridizo paisaje y aflora entre ellas el deseo de un día de lluvia. La ilusión selvática no cesa. A alguien se espera, a alguien se ignora, pero la invitación está ahí. La puerta abierta, las ventanas cerradas, la exaltación del secreto. Pronto podría haber un visitante, o dos, o decenas, y a nadie se discriminaría ahora. Las piernas no se cansan de gritar. Siguen ahí, pendientes de la llegada repentina. El rocío comienza ya a salpicar veredas y la brisa deja escapar algún aroma delicado de sal. Sean bienvenidos, sean complacidos, que la puerta sólo espera un delicado roce para poder cerrarse y descansar.


2 comentarios:
Qué relato tan bien llevado!!
De verdad que si me imaginé la escena.
Aplausos para ti.
No creo merecerlos, pero los acepto porque vienen de una persona que admiro y respeto... y adoro también!!!
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