01 julio 2009

No te quedes quieta, sombra


No te quedes quieta, sombra, no te muevas por los rincones callada, si contarme lo que te ocurre. Yo sé que estás siempre escondida esperando mi pregunta, pero ante mi sonrisa re escondes. Te he oído llorar mis soledades como fiel amiga y sutil confesor, te he sentido añorar ese algo que ni tú ni yo conocemos.


Acércate sin temor, un poco. Espero impaciente lo que nunca por nadie he dibujado en sueños: el abrazo inalcanzablemente cálido que se transfroma en código musical. Mira a tu alrededor y verás que mi soledad te reclama, busco tu consuelo al esperar. Y nadie me cree cuando digo que no pertenezco. Que no pertenezco.


Espero, sombra, llorar un instante contigo el amor al que me recuerdas, en este espacio, aunque sólo una sonrisa no diga nada. Nunca antes pude hacer en imágenes la fe, hasta hoy. Siento que por tu presencia tímida estoy más cerca de la paz, como si hubiera nacido al oírlo. También tú lo echas de menos y tan fácil que es encontrarme en todos lados.


Ciertas cosas te delatan. Y así también, callada, inhóspita y cubierta de melancolía, puedo pasar las noches con palabras y no diría jamás un adiós, si todo en mi vida se traduce a su persona. Todo empieza y termina en su imagen, en las cosas simples que me hizo amar.


Por ti, amiga inseparable, resisto este tiempo doloroso de insomnios; y para él es que preciso sentir tu compañía, pues sólo tú le harías llegar la eternidad de mi devoción hasta su piel.

1 comentarios:

Abraham Monterrosas Vigueras dijo...

La sombra es adictiva, poderosa, cargada de enigmas, es una silueta perversa... y hermosa.

Me quedo con esta frase: "Te he oído llorar mis soledades".