
Muerte ven a mí, ayúdame a exprimir la sangre que me hierve... tú que seguramente sabes todo sobre el principio y el final, róbame el espíritu, desgaja la piel que cubre mis huesos. Que no quede nada de mí. Muerte, acércate un poco, sé mi ángel de la guarda, mi fortaleza, el coraje que construya los caminos a elegir. Hiéreme de pensarte. Quiero llorar de tanta vida, tanta vida que no ha valido, tanto tiempo que no me supo a nada... espacio desperdiciadamente ocupado. Así como una mancha, como una puerta cerrada, así se ve lo que tanto presumen es el mañana. mas estos ojos que tengo en el rostro se cierran ya, desdichados... desdichados. Muerte, coquetea con mis manos, guíñame la expresión que no puedo verte, aquí estoy vulnerable, dándome a ti como un trofeo. Te ofrendo el cansancio, el hastío, la apatía, el dolor, los llantos escurridos y los que el orgullo sumergió en mi pecho. Tengo para ti todo lo que he sido. Hazme un lugar en tu “vida”, muerte. Ven a sentarte aquí.


2 comentarios:
Nuestra visión de la muerte es muy parecida. Será porque muy seguido le dedicamos nuestros escritos.
Sí, de hecho cuando leí tu texto me animé a agregar el mío. Sentí como un espejo en tu blog. Mi texto es de hace cuatro años... ¡imagínate!
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