
Quise dejar de beberte y, a cambio,
inyecté tu sudor en mis venas.
Dolorosamente fuiste recorriendo
el camino hemático, delineando en
cada órgano casi enfermo
toda tu brutal existencia.
Las yemas de mis dedos hundían
sus mapas en mis brazos, y luego,
no conformes, se aferraban a mis muslos
cual ventosas.
Estaba intoxicándome de ti;
cambié una manía por otra y
anoche me administré una dosis más
de tu jodido recuerdo, porque a tantos días
de aquella primera vez, me sigue
costando la vida exprimirte.


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