14 junio 2009

De la agonía



El llanto escondido,
sumergido hasta las vísceras,
es una muerte que se resiste,
que poco a poco acaba con la sangre,
con los esporádicos latidos del corazón
y con el cuerpo harapiento que se arrastra,
lento, bajo, débil.

Ese cuerpo de lástima que repta en las sombras
se abandona a su suerte,
que espera conocer, aunque fuera de prisa.

Y después el llanto se vuelve coraje
y luego el más destructible rencor.
No deja nada, es decir, no deja nada bueno
porque siempre queda alguna reminiscencia
y mucho del orgullo, que no sirve para nada.

Se acaba el cuerpo que mendiga
y sólo queda el esqueleto que, para su desgracia
o su fortuna, empieza a conocer una lágrima.

0 comentarios: