13 junio 2009

A tu merced

Dame la muerte con un beso,
quiero resucitar en tu carne a tu deseo.
En estas pupilas es en donde existes,
llorándote,
sangrándote.


Tu saliva es el vino que deseo,
el veneno que me hará vivir
matándome,
quemándome.


Donde sea,
cuando sea,
mi anhelo es ser tu piel
y sudar tu sudor
y dormir contigo sin que que
te des cuenta de mi pasión.


Quítame el aliento,
desgarra mis muslos,
que no quede viva,
ni aquí ni ahora.


Entraré en ti por tus labios;
serás mi casa, mi nuevo hogar.
¿Cómo haré para que me beses
esta noche?
Si estás tan lejos,
en algún punto,
lejos de esta habitación.


Dame posada, alójame en tu piel;
seremos uno y te recorreré los poros
hasta quedarme dormida
y empalagosamente cansada.


Déjame beber tu dulce saliva y morir.
Quiero morir en tu boca.
Es cuestión de que muerdas mis labios
y entonces estaré por siempre en tu deseo.

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