12 junio 2009

Decreto



Maldito amor que hieres el alma, quiera el destino que tu castigo sea enamorarte día tras día y jamás sentir saciar tu sed. Que al llegar la noche y duermas, desees despertar para olvidarte del dolor del sueño y al abrir los ojos, cada mañana, no quieras más que reposar tu cuerpo, dormir y no sentir las heridas aún abiertas.


Quiera la vida que la pena de sentirte solo jamás se termine, a pesar del cuerpo que descanse junto a ti alguna madrugada; que no sean más que furtivos encuentros y al cabo de unas horas vuelvas a ese incesante espacio en donde tu voz es el único testigo que te escucha.


Maldito amor, pena siento y odio y rencor de haber tenido en ti una esperanza; maldigo el día en que mis ojos te miraron, maldigo la hora en que mi voz dijo tu nombre; muero de odio y de asco, muero de pena y celos, de rabia, de tonta.


No hay en mi alma sino un augurio de corazón para ti: que tengas larga vida, que sean tantos años los que tengas por vivir, y en ese tiempo sientas el amor más grande y más sincero; que entregues tu vida, tiempo y verdad; que te entregues todo tú, sin miramientos, sin temor a nada; que lo des todo por una pequeña luz de esperanza, y que esa esperanza jamás se apiade de ti.


De corazón deseo que el sufrimiento te cubra con su oscuro velo y te haga llorar como un niño, inconsolablemente, amargamente, eternamente, y al hacerlo recuerdes, arrepentido, que aquí estuve yo.


Así, amor, quiero que mueras en vida y jamás encuentres consuelo en boca alguna; que nada te emocione como antes en tu juventud, que no desees más que morir y tu vida, a cambio, se prolongue, sea tan larga como la agonía que hoy atravieso; que nunca enferme tu cuerpo, que sea siempre fuerte; que tu mente no pierda lucidez, y más aún te cuestiones la causa de tu desdicha.


Estoy llena de odio, de dolor todavía, porque es hora en que no dejo de amarte y de pensar en los dos; y es este atormentado sentimiento el que me invita a bendecir el camino que sigues: que esté lleno de amor, del jamás correspondido, y muerdas tus labios para no llorar de vez en vez; que tengas ganas de correr y encontrar alivio y no recibas más que palmadas de consuelo sobre e hombro.


Es triste lo que veo para tu vida: un tiempo lleno de gente que viene y va, que no se queda, que sólo tiene unos minutos por prestarte y con ninguna exista historia completa que contar; que no sean más que efímeros encuentros, fragmentos de días, trocitos de recuerdos que apenas podrían llevar un nombre.


Que en adelante no merezcas el amor; que nunca seas el hombre que una mujer sueña, que no seas hombre, que te vuelvas un chico abandonado, solitario, y añores los días en que pudiste haber cambiado todo y ser feliz y estar completo... y ser feliz.


Ruego al cielo, amor, ruego a la vida, al destino, al espejo, a tu memoria; le pido al viento, al sol y a todo aquello que me habla de ti, que nunca te falte amor por entregar, sino al contrario, y sea tanto que te ahogue día a día, y por las noches te haga llorar y no sentir sueño; que arañes las paredes y mires al espejo tu triste imagen de mirada vacía, de besos jamás probados.


Ojalá quede en ti la sensación de quemarte vivo, añorando el saludo de tu amada, las buenas noches, la respiración de sus pulmones en tu nuca; esperando los días de fiesta, de paseo, las noches de hacer el amor como debe hacerse el amor, y sentir como se siente hacer el amor; que el deseo de hacerlo jamás se te cumpla, y no padezcas más que la tristeza de un orgasmo fingido entre unas piernas putas, abiertas sin más, sin nombre ni apellido.


Y es así de grande mi dolor ahora, que no puedo más que pensar en ti, y me dueles tanto, amor, insistes en no salir de mi memoria; te quedas instalado en mi corazón que ya no puede más y te repite: maldito amor, Dios quiera que algún día, que llegue el día, en que te acuerdes de mí y desde entonces me pienses siempre y mi nombre se vuelva tu sepulcro.

0 comentarios: