
¿Cómo, deseo, llegas ahora tan tranquilo a desvelarme? No te es permisible hacerme olvidar, hacer que guarde las palabras dichas. Deseo, no vengas hoy a confundir mis pensamientos, pues eres sólo un vagabundo sin puerto de llegada, y yo no quiero dejarte entrar...
Pero no cerraré la puerta. Voy a mirarte pasar desde un rincón, en silencio y sin ansias. No te detengas a hablar conmigo. Mis labios no habrán de responderte, mis oídos ignorarían tus cantos de seducción. No, deseo, no te es permisible borrarme la memoria ni por un instante; no busques mi caída confusa. Sólo eres deseo, tentación perversa, sólo eso eres cuando duermo y sueño. ¿Cómo es que llegas así, sin aviso, tan arrogante? Aquí no podrás detenerte, debes seguir tu camino sin distraer más mi atención; no borrarás de mi mente la historia ocurrida. No lo mereces y no lo permito. Deseo, quiera el destino que no te vuelva a negar.


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